| La Ley Concursal es como un lienzo viejo.
Es una obra, además, en permanente restauración.
Y, como tantas obras, oculta sus secretos. Detrás de lo que se ve, ocultos a la simple vista, hay trazos abandonados y figuras eliminadas de la escena, pero que, puestos en contexto, permiten alumbrar nuevas teorías.
Todo ello hace de la Ley Concursal la obra legislativa moderna de más difícil interpretación. Saber lo que nos quiso decir el autor (sic.), lo que iba a decir pero prefirió ocultar…
Por eso es fuente inagotable de debates. Y, como siempre, entre estos hay unos con profundidad y otros que carecen por completo de ella. Saber distinguir entre unos y otros tampoco precisa de un ojo experto. Como dijo el profesor GIRÓN allá por el año 1982, «que un libro es malo se ve enseguida. Que es bueno también se advierte inmediatamente». |